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ÍNDICE

  1. ¿Qué es una teoría ética?
  2. La tradición aristotélica
  3. La tradición hedonista
  4. La tradición kantiana
  5. La tradición dialógica


¿Qué es una teoría ética?

- La ética trata de responder a tres cuestiones, la primera de las cuáles ya ha sido contestada. Para responder a la segunda, ¿cuál es el fundamento de la moral?, hemos de reflexionar acerca de la validez de las acciones y normas morales, es decir, hemos de averiguar cuándo una elección es moralmente razonable o cuándo hemos actuado conforme a normas morales adecuadas.

- Para explicar estas cuestiones han nacido distintas teorías éticas, cada una de las cuales ha ofrecido un criterio de racionalidad. Analizaremos el que presentan cuatro de las teorías que siguen teniendo mayor relevancia, tanto por su calidad teórica como por su fecundidad a la hora de tomar decisiones. Las teorías que vamos a estudiar se pueden dividir en dos grupos:

- Las dos primeras -la aristotélica y la hedonista- nacen en Grecia en el siglo IV a.C., con la convicción de que lo moral consiste en la búsqueda de la felicidad. Por eso -piensan- la ética ha de descubrir qué tipo de racionalidad nos llevará a conseguirla y qué criterio ha de utilizar esa racionalidad.

- Las dos segundas teorías -la kantiana y la dialógica- surgen, respectivamente, a finales del siglo XVIII y en el último cuarto del XX. Aunque para ambas resulta obvio que los seres humanos deseamos ser felices, consideran que no es ése el verdadero problema moral: la verdadera cuestión moral es si existe algún tipo de seres a los que no se debe manipular, a los que hay que reconocer una dignidad, y qué criterio debemos aplicar al tomar decisiones para respetar realmente esa dignidad.

La tradición aristotélica


aristoteles_busto.jpg- Según Aristóteles, los seres humanos realizamos nuestras acciones por un fin: ser felices. Así pues, la felicidad es el fin último que todo ser humano tiende a alcanzar. Por otro lado, como seres dotados de capacidad racional, no hemos de tomar decisiones precipitadas, teniendo en cuenta sólo el momento presente, sino que hemos de deliberar serenamente y elegir los medios que más nos convienen para alcanzar la felicidad. Quien así actúa, dice Aristóteles, ejercita la virtud de la prudencia. Quien elige pensando sólo en el presente y no en el futuro es imprudente. Por otra parte, el prudente se propone siempre fines buenos, a diferencia de quién sólo es hábil. Alguien puede ser habilidoso en suministrar venenos y emplear su habilidad para matar. El prudente emplea sus "habilidades" para fines buenos; en este caso para sanar.

- Obra racionalmente -hace uso de su recta razón o actúa con prudencia- quien elige el término medio entre el exceso y el defecto, porque en eso consiste la virtud. Según Aristóteles, el valor es un término medio entre la temeridad (exceso) y la cobardía (defecto); la generosidad, un término medio entre el despilfarro y la tacañería, y así en las restantes virtudes. Ahora bien, este término medio no es el medio aritmético, sino el que es oportuno para cada uno de nosotros. Una persona habituada a comer mucho puede desfallecer de hambre con lo que le basta a otra que come poco. Un principiante en un deporte puede quedar agotado con un tiempo de entrenamiento insuficiente para un campeón.

La tradición hedonista

epicuro(1).jpg- Epicuro de Samos, al responder a la pregunta "¿cómo podemos ser felices?", inició otra tradición ética: la hedonista (de hedoné, placer). Esta tradición se asienta sobre tres puntos que ya Epicuro señaló: - Todos los seres vivos buscan el placer y huyen del dolor. Por tanto, el móvil del comportamiento animal y humano es el placer. - La felicidad consiste en organizar de tal modo nuestra vida que logremos el máximo de placer y el mínimo de dolor. - Precisamente porque se trata de alcanzar un máximo, la razón moral será una razón calculadora.

- El hedonismo epicúreo es individualista (se trata de lograr el mayor placer individual). Sin embargo, en la Modernidad, el hedonismo se convertirá en social y recibirá el nombre de utilitarismo.

El utilitarismo de John Stuart Mill
El utilitarismo de John Stuart Mill
- El utilitarismo considera que los seres humanos estamos dotados de unos sentimientos sociales, cuya satisfacción es fuente de placer. Entre ellos está el de simpatía (capacidad de ponerse en el lugar de cualquier otro, sufriendo con su sufrimiento, disfrutando con su alegría), que nos lleva a extender a los demás nuestro deseo de obtener la felicidad. El principio de la moralidad es entonces "la mayor felicidad (el mayor placer) para el mayor número posible de seres vivos" y funciona a la vez como criterio para tomar decisiones racionales.

John Stuart Mill, uno de los grandes defensores del utilitarismo




La tradición kantiana

kant.jpg-A fines del siglo XVIII, Immanuel Kant propone un criterio moral distinto a los que hemos expuesto. Considera que, ciertamente, los seres humanos desean ser felices y que para lograrlo han de hacer uso de una razón prudencial y calculadora. Sin embargo, como las personas imaginamos nuestra felicidad de formas distintas, una razón de este tipo no puede formular sino consejos.

- No obstante, hay determinados mandatos que pensamos que debemos seguir, nos haga o no felices obedecerlos. Cuando digo que "no se debe matar" o que "no hay que ser hipócrita", no estoy pensando en si seguir esos mandatos hace feliz, sino en que es inhumano actuar de otro modo.

- Así pues, la razón nos impone una leyes que obligan sin condiciones, es decir, no prometen la felicidad a cambio: solo prometen realizar la propia humanidad. De ahí que se expresen como mandatos (imperativos) categóricos, no condicionados a que alguien quiera ser feliz de un modo u otro. Ser persona es por sí mismo valioso, y la meta de la moral consiste en querer serlo por encima de cualquier otra meta: en querer tener una buena voluntad. La razón que da esas leyes morales no es la prudencial ni la calculadura, sino la razón práctica, que orienta la acción humana de forma incondicionada.

- Para saber que una norma es una ley moral, dada por la razón práctica, Kant propone someter cada norma al test del imperativo categórico. A continuación tienes dos de las formulaciones del mismo.

- Formulaciones del imperativo categórico:

1- Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal.
2- Obra de tal modo que trates la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca como un medio.
En opinión de Kant, una persona es autónoma cuando no se rige por lo que le dicen, pero tampoco sólo por sus apetencias o por sus instintos, que al fin y al cabo, no elige tener, sino por un tipo de normas que cree que debería cumplir cualquier persona, le apetezca a él cumplirlas o no. Esas normas serán las propias de cualquier ser humano. Un ser capaz de actuar de este modo y que es valioso en sí mismo no puede, según Kant, venderse en el mercado por un precio, porque para eso habría que fijarle un equivalente. Pero, ¿por qué podemos intercambiar a un ser humano?, ¿cuál es su equivalente?, ¿cuál es su precio? La respuesta de Kant es clara: los seres humanos no tienen precio, no pueden intercambiarse por un equivalente, sino que tienen dignidad. Son dignos de todo respeto.

La tradición dialógica


Jürgen Habermas
Jürgen Habermas
- La tradición dialógica arranca de Sócrates, filósofo griego del siglo V a.C., y resurge con fuerza en la ética discursiva creada por Karl Otto Apel y Jürgen Habermas. Ambos autores creen que la aportación kantiana es óptima, pero adolece de un defecto: considerar la racionalidad moral "monológica", cuando en realidad es dialógica. Las personas no llegamos a la conclusión de que una norma es ley moral o es correcta individualmente, sino a través del diálogo con los demás

<- Jürgen Habermas

Karl Otto Apel
Karl Otto Apel


<- Karl Otto Apel
- Supongamos que queremos averiguar si una norma es moralmente correcta o no. La ética del discurso propone someterla a un diálogo en el que participen todos los afectados por la norma, diálogo que recibirá el nombre de discurso. Ahora bien, una vez finalizado el discurso, la norma sólo se declarará correcta si todos los afectados por ella están de acuerdo en darle su consentimiento, porque satisface, no los intereses de la mayoría o de un individuo, sino intereses universalizables. El acuerdo al que lleguemos no será un pacto estratégico, en el que los interlocutores se instrumentalizan recíprocamente para alcanzar cada uno sus metas individuales, sino el resultado de un diálogo en el que se aprecian como interlocutores igualmente facultados, y tratan de llegar a un acuerdo que satisfaga intereses universalizables. Así pues, la racionalidad de los pactos es una racionalidad instrumental, mientras que la racionalidad de los diálogos es comunicativa y tiene en cuenta los intereses de todos.


- Al igual que Kant, los partidarios de la ética del discurso centran su preocupación en la dignidad humana. Ahora bien, ¿de qué somos dignos los seres humanos? La ética del discurso afirma que cada persona ha de reconocerse como interlocutor válido en cuantas normas le afecten. Por lo tanto, cuando se delibere sobre la corrección de esas normas, somos dignos de ser tenidos en cuenta en las decisiones: tenemos que poder participar en los diálogos en las condiciones más próximas posible a la simetría: - Cualquier sujeto capaz de lenguaje y acción puede participar en el discurso - Cualquiera puede problematizar cualquier afirmación - Cualquiera puede introducir en el discurso cualquier afirmación - Cualquiera puede expresar sus posiciones, deseos y necesidades - No puede impedirse a ningún hablante hacer valer sus derechos, establecidos en las reglas anteriores, mediante coacción interna o externa al discurso.